Voy a decirle que hace mucho que no imito su voz en mis historias; quiero reclamarle que prometió ser mi amigo y luego me olvidó. Quiero decírselo por escrito porque hace mucho que no lo leo, y lo último que le leí me gustó tanto que casi dudé que lo hubiera escrito él.
Tengo atorados en el pecho unos tequieros que pensaba eufemizar. Y luego no.
Voy a contarle un montón de historias, como antes. Y ojalá pudiéramos reir, como antes. Pero a veces olvido que antes no pude adivinar sus reacciones. Y no.
Voy a guardarle unos teextraños, porque un día ya no va a poder evitarme y yo ya no voy a poder aguantarme.
Voy a decírselo mejor sin las palabras, porque a veces ellas confunden y se deslizan por la mente expresando reveses; voy a decirle que lo extraño porque eso ya implica los tequieros que tengo ganas de tragar. Voy a escribírselo en mis ojos, para no errar.
Porque hay miradas que no pueden evitarse.
Hay miradas que son fáciles de leer.
Voy a decírselo así y ya.
Que me lea los ojos.
