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miércoles, 15 de junio de 2011

Todo bajo controool.

Hoy, queridos lectores, quiero contarles algo, un anécdota. Lo escribo para cerciorarme de no olvidarlo algún día. Voy a contarles de la primera vez que escuché la frase "El cajero se traga las tarjetas." Aquí voy:



En nuestro primer año de preparatoria, muchos compañeros de mi grupo, incluyéndome, tramitaron esa beca que te da el estado por estudiar y mantener un promedio mediocre. Se depositaba cada mes, y para cobrar, nos dieron una tarjeta de débito. La primer tarjeta en mi vida, me sentía grande.
Click para ver las imágenes más grandes.


Para no pagar comisión y no perder ni uno de nuestros valiosísimos centavos, ubicamos por la preparatoria los cajeros más cercanos de cuyo banco era nuestra tarjeta.

Un buen día, caminando hacia la parada del camión con una encantadora compañera de grupo, recordé que cerca de nuestro destino había un cajero, que llevaba la tarjeta en mi bolsillo y que, por coincidencia, hacía un par de días que habían depositado nuestra master-beca; sin más, propuse que pasáramos por ahí y lo retiráramos todo. Ella, indecisa, accedió, pero no sin antes confesarme que jamás lo había hecho ella sola, que siempre era su amable padre el que lo hacía por ella por aquello de que "El cajero suele tragarse las tarjetas, y luego no las recuperas." Inicialmente, me sonó algo absurdo, porque jamás había escuchado algo similar, así que, como toda experta en el asunto (ya había retirado dos veces) le ofrecí mis servicios como "Asesora en retirado correcto de nuestra master-beca." Y dicho así, cambiamos nuestro destino próximo a: El cajero automático.
-Dato curioso: La primera vez que retiré de mi tarjeta, acepté tantas cosas que casi hago una transacción a una institución benéfica y el cajero me pidió que, por seguridad, cambiara mi clave...¡El primero!-


Llegamos al cajero. Yo, como toda una experta en el tema, retiré primero para tratar de mostrarle a mi compañera y apenas obtuve el dinero y la tarjeta de vuelta. Introduje la suya..:

Yo- Solo tienes que dar continuar *tecla*-
Ella- Sí-
Yo- Continuar. *tecla*-
Ella- ajá..-
Yo- continuar-
Ella- Sí...-
Yo- Continuar *tecla* continuar *tecla* continuar *tecla* continuar *tecla* ....cont...continuar *duda*...J-jamás me había...Jamás me había salido ese mensaje..-
Ella- ¡¿eeeeh?!


Ella preguntaba desesperadamente si acaso era que el malvado cajero automático se había ya tragado su tarjeta como su padre tanto le había advertido y yo respondía serenamente " No, no, no...tranquila, fue un ligero error, todo bien" y sonreía, pero en realidad...entré en pánico.

Apreté mil veces el botón para cancelar la operación y comencé a sudar de nervios. Dentro de mi cabeza, una personita parecía estar dando vueltas sin parar y gritando con voz aguda"¡El cajero se la tragó! ¡Se la tragó!"

Todo un momento de tensión de esos de película, donde el villano de capa, parche en el ojo y dientes podridos era el cajero automático; el niño tomado de rehen con un revolver en la sien era la tarjeta y la madre gritonamente desesperada era mi claramente inexperta compañera. ¿Yo? Ah, yo era Hancock, obvio.
Porque saben quién es Hancock ¿no?


De pronto, de algún modo misterioso [click, click, click], logré atrofiar el cerebro lógico de el ya mencionado villano de tal modo que amablemente  y tratando de negociar me preguntó si lo que quería era cancelar toda operación, como soy muy buena para el diálogo, accedí a su tregua y nos hicimos buenos amigos.

¿Mi compañera? Ah...creo que su papá le enseñó correectamente después de que ella retiró solita. Nunca más me dejó siquiera mirar su tarjeta y yo usé la frase...:

"¿Ves? Te dije que toooooodo estaba bajo control *guiño de ojo derecho*"

viernes, 27 de mayo de 2011

Roedores tan solo.

Roemos cual ratones, aquellos pedazos de corazón que alguien
ha dejado olvidados en en el piso. Para saciar nuestra sed de esperanza,
para rellenar huecos vacíos y carentes de escencia,
para fingir que no hemos olvidado.

...No me dejes aquí, roer corazónes, no es mi vocación...

martes, 17 de mayo de 2011

Polvo.

Sus tardes vacías;
su mirada perdida, ausente, sin chispa;
su voz sin cambios de tono, plana por completo;
por dentro, estaba rota, se desmoronaba lentamente, y un hueco se hacía cada vez más y más evidente. Algo le hacía falta, alguien ya no estaba... Pero ella de pie, siempre de pie.

Y con el tiempo aquel hueco se iría cubriendo de polvo, aparentando estar lleno, simulando haber olvidado, pero la escencia continuaría, evitando aquél olvido.

sábado, 14 de mayo de 2011

Tulipanes Belgas.

Le prometió el sol y la luna, almacenados juntos en un frasco de cristal.
Le prometió robarse al viento, solo para regalárselo.
Le prometió soñar con ella, aún cuando estuviera despierto.
Le prometió el canto del ave, para armonizar su oído.
Le prometió cada estrella de noche, para adornar su pared.
Le prometió cada tulipán belga, acompañando al florero.
Le dedicó toda sonrisa a su existencia.
Le prometió sembrar pensamientos en el cielo, tan solo para ella.
Le prometió cada perla bajo el mar, para adornar su cuello.
Le prometió cada nube almidonada.
Le prometió cada noche de insomnio, escribiendo para ella.

Le prometió cada mirada, cada suspiro, cada idea, cada pensamiento...

...le prometió la vida entera, y solo pudo darle media.

jueves, 5 de mayo de 2011

Y desenamorarnos.

Bastaría con una mirada para perderla, para privarla de su conciencia;
sería más que suficiente con un abrazo para cambiar drásticamente su humor;
Y un beso, solo uno, serviría para enamorarla de modo permanente.

Para él, era suficiente con escuchar su voz, con oler su perfume, de vez en cuando besar delicadamente su mejilla. Y sonrojarse.

Injustamente miraban de lejos, sufriendo internamente, deseando dejar de sentir, de soñarle, de esperarle. Deseando desenamorarse.

Enamorados eran y enamorados estaban, simultáneamente pero no el uno del otro, sino uno del uno...y el otro de otro...

domingo, 17 de abril de 2011

Reencuentro.


Éramos jóvenes, inmaduras e ignorantes….

Miró al piso llena de ira y visualizó sus caramelos ahí, esparcidos en el suelo que ella misma pisaba. Yo, congelada, si bien, era cierto que era la culpable, jamás fue mi intención tirarlos, jamás estuvo en mis planes. 
Levantó la mirada y me miró fijamente a los ojos  llena de tantos sentimientos que sería inútil enumerarlos. Yo, quieta, tratando de disculparme aún cuando el orgullo impedía que salieran de mí esas palabras. Eran solo caramelos, solo unas lunetas, no podía ser tan importante.
Un grupo de personas se acercó, escuché carcajadas y toda clase de burlas referentes a lo ocurrido. Su ira solo aumentaba y olvidando todo lo que nos unía en una amistad perfectamente perdurable, estalló y me ordenó no volver a hablarle en mi vida. No tuve más que obedecer.
Era casi imposible no dirigirnos la palabra. La escuela no tenía suficientes alumnos para perdernos,  cada receso  cruzábamos al menos una mirada, y corregíamos. En el taller, el ambiente era más que tenso, pero nuestro orgullo lo hizo posible, nos alejó semanas, luego meses, después un año.

Es hora de reparar.


viernes, 15 de abril de 2011

El fin del inicio.

Caminé hacia la salida con una sonrisa en la cara, las vacaciones habían llegado y con ellas una ola de relajación y felicidad.

Pasé la tarde con amigos, rentamos unas bicicletas y nos dedicamos a pedalear bajo ese calor asfixiante hasta desgastarnos; al volver a casa, todo vino a mi mente, no pude evitar preguntarme a mí misma si ya todo había terminado, si era esto el fin de ese inicio en el que había participado tanta gente, gente que ahora, tomaba su camino por separado, dividiendo así el nuestro. Me pregunté si era necesaria esa nostalgia, porque, si es verdad que hice buenas amistades, entonces no habría porque alejarnos, no habría necesidad de extrañar, pero es quizá por ese miedo a lo desconocido que surge cada que terminas una etapa y te dispones a iniciar otra.

La nostalgia sigue ahí, los recuerdos no han dejado de pasar de uno en uno por mi cabeza, pero cuando eso termine, estaré lista para lo siguiente, porque no vale la pena extrañarlos, porque es apenas el inicio.