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domingo, 17 de abril de 2011

Reencuentro.


Éramos jóvenes, inmaduras e ignorantes….

Miró al piso llena de ira y visualizó sus caramelos ahí, esparcidos en el suelo que ella misma pisaba. Yo, congelada, si bien, era cierto que era la culpable, jamás fue mi intención tirarlos, jamás estuvo en mis planes. 
Levantó la mirada y me miró fijamente a los ojos  llena de tantos sentimientos que sería inútil enumerarlos. Yo, quieta, tratando de disculparme aún cuando el orgullo impedía que salieran de mí esas palabras. Eran solo caramelos, solo unas lunetas, no podía ser tan importante.
Un grupo de personas se acercó, escuché carcajadas y toda clase de burlas referentes a lo ocurrido. Su ira solo aumentaba y olvidando todo lo que nos unía en una amistad perfectamente perdurable, estalló y me ordenó no volver a hablarle en mi vida. No tuve más que obedecer.
Era casi imposible no dirigirnos la palabra. La escuela no tenía suficientes alumnos para perdernos,  cada receso  cruzábamos al menos una mirada, y corregíamos. En el taller, el ambiente era más que tenso, pero nuestro orgullo lo hizo posible, nos alejó semanas, luego meses, después un año.

Es hora de reparar.


viernes, 15 de abril de 2011

El fin del inicio.

Caminé hacia la salida con una sonrisa en la cara, las vacaciones habían llegado y con ellas una ola de relajación y felicidad.

Pasé la tarde con amigos, rentamos unas bicicletas y nos dedicamos a pedalear bajo ese calor asfixiante hasta desgastarnos; al volver a casa, todo vino a mi mente, no pude evitar preguntarme a mí misma si ya todo había terminado, si era esto el fin de ese inicio en el que había participado tanta gente, gente que ahora, tomaba su camino por separado, dividiendo así el nuestro. Me pregunté si era necesaria esa nostalgia, porque, si es verdad que hice buenas amistades, entonces no habría porque alejarnos, no habría necesidad de extrañar, pero es quizá por ese miedo a lo desconocido que surge cada que terminas una etapa y te dispones a iniciar otra.

La nostalgia sigue ahí, los recuerdos no han dejado de pasar de uno en uno por mi cabeza, pero cuando eso termine, estaré lista para lo siguiente, porque no vale la pena extrañarlos, porque es apenas el inicio.

viernes, 1 de abril de 2011

Llegué.

Caminaba tranquilamente por la banqueta mientras las últimas hojas de aquellos árboles se desprendían de sus respecivas ramas.

Hacía un calor desgastante, el sol estaba molestando a la sociedad con su energía poderosísima, pero conmigo no aplicaba, llevaba una sonrisa en la cara que se debía a todo ese sentimiento de alivio que me llenaba, y a la diversión proporcionada por mi Yoyo.

Si bien, era cierto que durante el fin de semana tenía que preparar varias láminas para la clase de dibujo y estudiar para los 2 exámenes que tenía programados para el siniestro lunes, no podía evitar sentirme sin peso alguno sobre mí, aún cuando por la tarde tendría que ir al empleo.

Llegué a la parada del camión, tomé asiento en un sitio con sombra y sonreí. Ya era viernes.