Amanecí con un sentimiento más que deprimente; deambulé por los rincones de mi casa hablando conmigo misma, intentando encontrarme; traté de explicarme lo que pasaba, pero no me entendía. Me perdí dentro de mí misma, me perdí y conmigo iba un sentimiento que lentamente robaba pedacitos de mi alma.
Quise explicar en papel lo que sentía, pero las ideas iban y venían sin dejarme nada claro, nada que entender, nada que explicar...nada.
Y así pasé noches enteras atacadas por el insomnio, mañanas tan quietas que parecían sin vida, tardes de luz y distracciones, semanas completas de sequedad cerebral, en las que no hice más que clavar mi vista en una hoja en blanco y sostener una pluma con mi mano derecha; con un exceso de quietud, a la espera de una idea.
Aquél sentimiento desapareció con el tiempo, sin que yo pudiera siquiera describirlo; se llevó con él parte de mí, pero cuando vuelva y nos encontremos una vez más: Estaré lista. Y en nuestro duelo apostaremos eso que me quitó, eso que espera ser recuperado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario