Hace tanto que no escribo; desde el día en que al escribir, me traicionó la tinta de mi pluma y corrió trazando palabras que disgustaron tanto a mi vista.
Desde que no escribo, leo palabras que no quiero leer. Palabras que no han escrito.
El tiempo pasa tan rápido desde que no escribo, y cuatro meses me parecen tres semanas.
Dejé de escribir cuando creí que perdía el don, lo que no sabía, era que nunca lo gané.
Dejé de escribir porque sentía que a nadie le gustaba leerme, y olvidé leerme también.
Hace tanto que no escribo, desde que olvidé cómo vivir.

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