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jueves, 4 de julio de 2013

De ellos.

Uno.
Del primero recuerdo las líneas dibujadas en sus mejillas cada vez que sonreía, los ojos que a contra luz se volvían avellana.
Me acuerdo del tono de su voz, de su risa. De lo alto que era, de sus camisas remangadas.
Me acuerdo del beso bajo la lámpara en un día de lluvia, de mis ojos apretados, de sus manos en mi espalda. Mucho tiempo recordé el sabor, hoy no.

Ya olvidé la silueta de su boca que tanto me gustaba.
No sé por qué no olvidé la marca de su cuello, el ahorita te explico o su pero aún quiero ser tu amigo.

Dos.
Del segundo, su cabello. Sus manos ásperas. Sus lentes de armazón azul.
Me acuerdo del primer beso en el parque, de su playera guinda, del pasto en mi cabello. Del sabor a nieve de limón.
Ojalá nunca se me olviden sus Bécquers o su Viceversa de Benedetti.
Ojalá se me acabe mi último tequiero, o el desierto de su eufemizado yo ya no.


Tres.
Del tercero su silueta, sobre el techo y a contra luz.
Su cara cuadrada, sus ojos rasgados, su piel casi canela y su sonrisa. Sí, su sonrisa.

Su chamarra negra, su cabello desarreglado, su forma de ensillar, de cabalgar, su forma de hablar.
La noche entera que pasamos bailando, mis mejillas heladas y sus manos tibias; me acuerdo de sus flores de jazmín y de sus miradas nerviosas, desviadas.
Los besos que no me ha dado, los muros que he levantado.
El rumor que rebasa, la ambigüedad de mis respuestas, la seriedad de mis mentiras.


No sé, del tercero nada.

Silencio.




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