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viernes, 27 de mayo de 2011

Roedores tan solo.

Roemos cual ratones, aquellos pedazos de corazón que alguien
ha dejado olvidados en en el piso. Para saciar nuestra sed de esperanza,
para rellenar huecos vacíos y carentes de escencia,
para fingir que no hemos olvidado.

...No me dejes aquí, roer corazónes, no es mi vocación...

martes, 17 de mayo de 2011

Polvo.

Sus tardes vacías;
su mirada perdida, ausente, sin chispa;
su voz sin cambios de tono, plana por completo;
por dentro, estaba rota, se desmoronaba lentamente, y un hueco se hacía cada vez más y más evidente. Algo le hacía falta, alguien ya no estaba... Pero ella de pie, siempre de pie.

Y con el tiempo aquel hueco se iría cubriendo de polvo, aparentando estar lleno, simulando haber olvidado, pero la escencia continuaría, evitando aquél olvido.

sábado, 14 de mayo de 2011

Tulipanes Belgas.

Le prometió el sol y la luna, almacenados juntos en un frasco de cristal.
Le prometió robarse al viento, solo para regalárselo.
Le prometió soñar con ella, aún cuando estuviera despierto.
Le prometió el canto del ave, para armonizar su oído.
Le prometió cada estrella de noche, para adornar su pared.
Le prometió cada tulipán belga, acompañando al florero.
Le dedicó toda sonrisa a su existencia.
Le prometió sembrar pensamientos en el cielo, tan solo para ella.
Le prometió cada perla bajo el mar, para adornar su cuello.
Le prometió cada nube almidonada.
Le prometió cada noche de insomnio, escribiendo para ella.

Le prometió cada mirada, cada suspiro, cada idea, cada pensamiento...

...le prometió la vida entera, y solo pudo darle media.

jueves, 5 de mayo de 2011

Y desenamorarnos.

Bastaría con una mirada para perderla, para privarla de su conciencia;
sería más que suficiente con un abrazo para cambiar drásticamente su humor;
Y un beso, solo uno, serviría para enamorarla de modo permanente.

Para él, era suficiente con escuchar su voz, con oler su perfume, de vez en cuando besar delicadamente su mejilla. Y sonrojarse.

Injustamente miraban de lejos, sufriendo internamente, deseando dejar de sentir, de soñarle, de esperarle. Deseando desenamorarse.

Enamorados eran y enamorados estaban, simultáneamente pero no el uno del otro, sino uno del uno...y el otro de otro...

domingo, 17 de abril de 2011

Reencuentro.


Éramos jóvenes, inmaduras e ignorantes….

Miró al piso llena de ira y visualizó sus caramelos ahí, esparcidos en el suelo que ella misma pisaba. Yo, congelada, si bien, era cierto que era la culpable, jamás fue mi intención tirarlos, jamás estuvo en mis planes. 
Levantó la mirada y me miró fijamente a los ojos  llena de tantos sentimientos que sería inútil enumerarlos. Yo, quieta, tratando de disculparme aún cuando el orgullo impedía que salieran de mí esas palabras. Eran solo caramelos, solo unas lunetas, no podía ser tan importante.
Un grupo de personas se acercó, escuché carcajadas y toda clase de burlas referentes a lo ocurrido. Su ira solo aumentaba y olvidando todo lo que nos unía en una amistad perfectamente perdurable, estalló y me ordenó no volver a hablarle en mi vida. No tuve más que obedecer.
Era casi imposible no dirigirnos la palabra. La escuela no tenía suficientes alumnos para perdernos,  cada receso  cruzábamos al menos una mirada, y corregíamos. En el taller, el ambiente era más que tenso, pero nuestro orgullo lo hizo posible, nos alejó semanas, luego meses, después un año.

Es hora de reparar.


viernes, 15 de abril de 2011

El fin del inicio.

Caminé hacia la salida con una sonrisa en la cara, las vacaciones habían llegado y con ellas una ola de relajación y felicidad.

Pasé la tarde con amigos, rentamos unas bicicletas y nos dedicamos a pedalear bajo ese calor asfixiante hasta desgastarnos; al volver a casa, todo vino a mi mente, no pude evitar preguntarme a mí misma si ya todo había terminado, si era esto el fin de ese inicio en el que había participado tanta gente, gente que ahora, tomaba su camino por separado, dividiendo así el nuestro. Me pregunté si era necesaria esa nostalgia, porque, si es verdad que hice buenas amistades, entonces no habría porque alejarnos, no habría necesidad de extrañar, pero es quizá por ese miedo a lo desconocido que surge cada que terminas una etapa y te dispones a iniciar otra.

La nostalgia sigue ahí, los recuerdos no han dejado de pasar de uno en uno por mi cabeza, pero cuando eso termine, estaré lista para lo siguiente, porque no vale la pena extrañarlos, porque es apenas el inicio.

viernes, 1 de abril de 2011

Llegué.

Caminaba tranquilamente por la banqueta mientras las últimas hojas de aquellos árboles se desprendían de sus respecivas ramas.

Hacía un calor desgastante, el sol estaba molestando a la sociedad con su energía poderosísima, pero conmigo no aplicaba, llevaba una sonrisa en la cara que se debía a todo ese sentimiento de alivio que me llenaba, y a la diversión proporcionada por mi Yoyo.

Si bien, era cierto que durante el fin de semana tenía que preparar varias láminas para la clase de dibujo y estudiar para los 2 exámenes que tenía programados para el siniestro lunes, no podía evitar sentirme sin peso alguno sobre mí, aún cuando por la tarde tendría que ir al empleo.

Llegué a la parada del camión, tomé asiento en un sitio con sombra y sonreí. Ya era viernes.