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martes, 12 de julio de 2011

El peor día de mi vida.

Advertencia:El contenido de este post podría llegar a ser un tanto vulgar, además de contener términos de un lenguaje coloquial.


Era un Lunes diecisiete de agosto y era el primer día de clases.
Yo tenía catorce años y había pasado a tercero de secundaria. Por mis calificaciones, se me había elegido como parte de la escolta escolar, donde mi puesto era: Abanderada. Desde que me eligieron, jamás estuve de acuerdo, pero me faltaba el valor para negarme a participar.

En mi mochila no cabía más que mis útiles, pero yo necesitaba algo en qué guardar mi ridículo uniforme de la escolta cuando terminara mi aparición, ya saben, para no causar pena ajena o más bien, para que nadie supiera que era yo la más ñoña de la escuela. Le pedí a mi hermano mayor que me prestara una mochila, pero la única que tenía libre era su mochila negra, su favorita; como no tenía de otra, me la prestó.

Aparentemente era un día como cualquier otro en la escuela, mis viejos compañeros de grupo, algunos nuevos maestros. Nada fuera de lo común...hasta que sonó la chicharra a las 8:10pm anunciando la hora de salida...Ahí fue donde todo se puso mal.

Apenas salí de la escuela, comenzó a llover horriblemente; de esas gotas que sientes que te cortan cuando "delicadamente" tocan tu piel, de esas gotas que parecen canicas bombochas...de esas caían. Así que era yo, empapada y con dos mochilas que impedían que corriera velozmente hacia mi casa, pero aún con eso...todo estaba bien...¿verdad?


[De noche-lluvia]


Iba caminando hacia mi casa, estaba ya completamente mojada y al caminar mis tennis escurrían toda el agua que tenían dentro, volvían a llenarse y de nuevo se escurrían al siguiente paso.
Llegué así a "Honduras" (la calle que junto con otra forma la esquina donde se sitúa mi casa) Regularmente, al llegar a Honduras yo solía bajar la banqueta y caminar en medio de la pequeña callecita tranquilamente hasta llegar a casa, pero esa semana estaban haciendo obras para reparar tal callecita y aún no terminaban, por lo que abajo había algo de fango y para "mayor seguridad" decidí caminar por la banqueta, la cual también estaban arreglando, pero yo ilúsamente creí que ya estaba seca, así que nada me impedía caminar sobre ella. Erré, si bien mi teoría de que "Ya tenía que estar seca" era correcta, subestimé un factor importante: La lluvia. Y la muy hija de puta no solo no había dejado que el cemento secara, sino que además, ahora estaba super resbaloso y en cuanto puse un pie sobre él provocó irremediablemente mi caida.
Sí, me dolió, me dolió muchísimo e incluso se me hizo un moretón en la cadera, además de llenarme de cemento fresco prácticamente todo el trasero y, por supuesto, la mochila negra de mi hermano...
Y hasta la fecha, esa banqueta tiene la marca de mi cuerpo en ella y me recuerda su hazaña cada que paso por ahí.


[De noche-lluvia-cemento fresco]


Me levanté y aguanté como pude el dolor generado por la caída, después de todo, estaba a tan solo una cuadra de mi casa y ya nada podía ir peor, entonces decidí continuar con mi camino.


Al llegar a mi casa sentí un enorme alivio, pero no duró mucho tiempo, porque olvidé dónde había dejado las llaves.


Desesperada, busqué en todas las bolsas del exterior de la mochila de mi hermano tratando de no mancharla con mis manos llenas de cemento, pero no hallé lo que buscaba, así que convencida de que quizá estaban en la bolsa más grande donde se encontraba mi uniforme y temerosa de poder mancharlo, decidí entonces: Tocar el timbre.
Pero en mi desesperación olvidé tomar en cuenta que estaba completamente empapada, así que claro, me electrocuté.

[De noche-Lluvia-Cemento fresco-electricidad]


Por la intensidad de la lluvia y lo estruendoso de la misma, mi familia no pudo oir el timbre y nadie acudió a mi llamado.


No me quedaba más que buscar esa llave dentro de la mochila de mi hermano: Abrí la bolsa principal y comencé a buscar entre mi uniforme ensuciándolo del cemento que aún tenía en las manos y sin siquiera hallar esa llave. Desesperada y muerta ya de frío, busqué nuevamente en las bolsas del exterior para cerciorarme de que no estuviera ahí....Y en una de esas bolsas que aparentemente ya había revisado, estaba mi llave...


Abrí la puerta del zaguán, crucé el patio y entré a mi casa. Y al voltearme para colocar la llave en su sitio, se me escapó una miradilla por el ventanal de la puerta y entonces, lo ví: Dejó de llover...








Ése... fue el peor día de mi vida....

Nada.

Amanecí con un sentimiento más que deprimente; deambulé por los rincones de mi casa hablando conmigo misma, intentando encontrarme; traté de explicarme lo que pasaba, pero no me entendía. Me perdí dentro de mí misma, me perdí y conmigo iba un sentimiento que lentamente robaba pedacitos de mi alma.

Quise explicar en papel lo que sentía, pero las ideas iban y venían sin dejarme nada claro, nada que entender, nada que explicar...nada.

Y así pasé noches enteras atacadas por el insomnio, mañanas tan quietas que parecían sin vida, tardes de luz y distracciones, semanas completas de sequedad cerebral, en las que no hice más que clavar mi vista en una hoja en blanco y sostener una pluma con mi mano derecha; con un exceso de quietud, a la espera de una idea.

Aquél sentimiento desapareció con el tiempo, sin que yo pudiera siquiera describirlo; se llevó con él parte de mí, pero cuando vuelva y nos encontremos una vez más: Estaré lista. Y en nuestro duelo apostaremos eso que me quitó, eso que espera ser recuperado.

miércoles, 15 de junio de 2011

Todo bajo controool.

Hoy, queridos lectores, quiero contarles algo, un anécdota. Lo escribo para cerciorarme de no olvidarlo algún día. Voy a contarles de la primera vez que escuché la frase "El cajero se traga las tarjetas." Aquí voy:



En nuestro primer año de preparatoria, muchos compañeros de mi grupo, incluyéndome, tramitaron esa beca que te da el estado por estudiar y mantener un promedio mediocre. Se depositaba cada mes, y para cobrar, nos dieron una tarjeta de débito. La primer tarjeta en mi vida, me sentía grande.
Click para ver las imágenes más grandes.


Para no pagar comisión y no perder ni uno de nuestros valiosísimos centavos, ubicamos por la preparatoria los cajeros más cercanos de cuyo banco era nuestra tarjeta.

Un buen día, caminando hacia la parada del camión con una encantadora compañera de grupo, recordé que cerca de nuestro destino había un cajero, que llevaba la tarjeta en mi bolsillo y que, por coincidencia, hacía un par de días que habían depositado nuestra master-beca; sin más, propuse que pasáramos por ahí y lo retiráramos todo. Ella, indecisa, accedió, pero no sin antes confesarme que jamás lo había hecho ella sola, que siempre era su amable padre el que lo hacía por ella por aquello de que "El cajero suele tragarse las tarjetas, y luego no las recuperas." Inicialmente, me sonó algo absurdo, porque jamás había escuchado algo similar, así que, como toda experta en el asunto (ya había retirado dos veces) le ofrecí mis servicios como "Asesora en retirado correcto de nuestra master-beca." Y dicho así, cambiamos nuestro destino próximo a: El cajero automático.
-Dato curioso: La primera vez que retiré de mi tarjeta, acepté tantas cosas que casi hago una transacción a una institución benéfica y el cajero me pidió que, por seguridad, cambiara mi clave...¡El primero!-


Llegamos al cajero. Yo, como toda una experta en el tema, retiré primero para tratar de mostrarle a mi compañera y apenas obtuve el dinero y la tarjeta de vuelta. Introduje la suya..:

Yo- Solo tienes que dar continuar *tecla*-
Ella- Sí-
Yo- Continuar. *tecla*-
Ella- ajá..-
Yo- continuar-
Ella- Sí...-
Yo- Continuar *tecla* continuar *tecla* continuar *tecla* continuar *tecla* ....cont...continuar *duda*...J-jamás me había...Jamás me había salido ese mensaje..-
Ella- ¡¿eeeeh?!


Ella preguntaba desesperadamente si acaso era que el malvado cajero automático se había ya tragado su tarjeta como su padre tanto le había advertido y yo respondía serenamente " No, no, no...tranquila, fue un ligero error, todo bien" y sonreía, pero en realidad...entré en pánico.

Apreté mil veces el botón para cancelar la operación y comencé a sudar de nervios. Dentro de mi cabeza, una personita parecía estar dando vueltas sin parar y gritando con voz aguda"¡El cajero se la tragó! ¡Se la tragó!"

Todo un momento de tensión de esos de película, donde el villano de capa, parche en el ojo y dientes podridos era el cajero automático; el niño tomado de rehen con un revolver en la sien era la tarjeta y la madre gritonamente desesperada era mi claramente inexperta compañera. ¿Yo? Ah, yo era Hancock, obvio.
Porque saben quién es Hancock ¿no?


De pronto, de algún modo misterioso [click, click, click], logré atrofiar el cerebro lógico de el ya mencionado villano de tal modo que amablemente  y tratando de negociar me preguntó si lo que quería era cancelar toda operación, como soy muy buena para el diálogo, accedí a su tregua y nos hicimos buenos amigos.

¿Mi compañera? Ah...creo que su papá le enseñó correectamente después de que ella retiró solita. Nunca más me dejó siquiera mirar su tarjeta y yo usé la frase...:

"¿Ves? Te dije que toooooodo estaba bajo control *guiño de ojo derecho*"

viernes, 27 de mayo de 2011

Roedores tan solo.

Roemos cual ratones, aquellos pedazos de corazón que alguien
ha dejado olvidados en en el piso. Para saciar nuestra sed de esperanza,
para rellenar huecos vacíos y carentes de escencia,
para fingir que no hemos olvidado.

...No me dejes aquí, roer corazónes, no es mi vocación...

martes, 17 de mayo de 2011

Polvo.

Sus tardes vacías;
su mirada perdida, ausente, sin chispa;
su voz sin cambios de tono, plana por completo;
por dentro, estaba rota, se desmoronaba lentamente, y un hueco se hacía cada vez más y más evidente. Algo le hacía falta, alguien ya no estaba... Pero ella de pie, siempre de pie.

Y con el tiempo aquel hueco se iría cubriendo de polvo, aparentando estar lleno, simulando haber olvidado, pero la escencia continuaría, evitando aquél olvido.

sábado, 14 de mayo de 2011

Tulipanes Belgas.

Le prometió el sol y la luna, almacenados juntos en un frasco de cristal.
Le prometió robarse al viento, solo para regalárselo.
Le prometió soñar con ella, aún cuando estuviera despierto.
Le prometió el canto del ave, para armonizar su oído.
Le prometió cada estrella de noche, para adornar su pared.
Le prometió cada tulipán belga, acompañando al florero.
Le dedicó toda sonrisa a su existencia.
Le prometió sembrar pensamientos en el cielo, tan solo para ella.
Le prometió cada perla bajo el mar, para adornar su cuello.
Le prometió cada nube almidonada.
Le prometió cada noche de insomnio, escribiendo para ella.

Le prometió cada mirada, cada suspiro, cada idea, cada pensamiento...

...le prometió la vida entera, y solo pudo darle media.

jueves, 5 de mayo de 2011

Y desenamorarnos.

Bastaría con una mirada para perderla, para privarla de su conciencia;
sería más que suficiente con un abrazo para cambiar drásticamente su humor;
Y un beso, solo uno, serviría para enamorarla de modo permanente.

Para él, era suficiente con escuchar su voz, con oler su perfume, de vez en cuando besar delicadamente su mejilla. Y sonrojarse.

Injustamente miraban de lejos, sufriendo internamente, deseando dejar de sentir, de soñarle, de esperarle. Deseando desenamorarse.

Enamorados eran y enamorados estaban, simultáneamente pero no el uno del otro, sino uno del uno...y el otro de otro...