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martes, 29 de marzo de 2011

Neutral.

Volteé al oir que me llamaba, de inmediato ví su rostro, no expresaba para nada alegría, ni un poco de emoción...y yo sabía porqué. 
Había escuchado que los ojos son la ventana del alma, quizá no me había dedicado suficiente a pensar en su real significado, pero en ese momento lo entendí, fue ahí cuando todo vino a mi mente, y en que esa empatía que creía había dejado de existir en mí, actuó de verdad.

Me miró a los ojos como tratando de transmitirme una parte de su pena, como preguntándose si acaso era que yo lo entendía; sin decir nada me abrazó fuertemente esperando encontrar en mí la respuesta a todas esas dudas que le venían a la mente, me abrazó profunda y fuertemente. No corté el abrazo de inmediato como regularmente porque me tomó por sorpresa, no entendía qué debía hacer, traté de corresponder por miedo a no poder llenar esa sed de esperanza que aparentemente tenía, tragó saliva como si tuviera algo en la garganta y susurró a mi oido tres palabras, con un tono tal que hicieron que me congelara al instante y titubeara antes de contestar...: ..."¿Ya lo sabes?"...

¿Ella?... Ella tranquila, como si nada hubiese pasado un par de días antes, como si fuera algo cotidiano, como si no tuviera importancia alguna en su vida actual, en su presente. No supe si era cierto que esa dulzura y empatía, si ese amor que ella solía radiar al mundo para llenarlo de color se habían esfumado para convertirla en un ser completamente inerte y despreocupado ante la situación, o si tan solo se reprimía; en cualquiera de ambos casos, no pude evitar preocuparme por ella mucho más que por él, no pude tampoco, evitar pensar que eso que ella estaba haciendo en ese momento, era el perfecto antónimo de lo que tiempo atrás había llamado "estar bien".

Él destrozado, si no lloraba era para mantener una postura de cordura frente a mí, si no lloraba era por miedo a la respuesta fría que probablemente pudo haber recibido de mí; ella serena, evadiéndo el tema y recordándome siempre cuán especial era para ella y lo mucho que agradecía que me preocupara, pero siempre dejando claro que no era necesario, que era algo que se superaba. Su actitud me causaba tantas dudas, ¿en qué momento me dejé alejar a tal grado que mi presencia no era de ayuda, sino tan solo complementaria para ella?, siendo que para él, aún cuando no solía ser tan cercana, era casi fundamental mi apoyo.


Se soltaron el uno al otro, uno por convicción y el otro por no tener otra opción, la frialdad de uno congeló los sentimientos del otro hasta romper ese lazo que antes creía era acero indestructible.

Él siempre mirándola en silencio, ella evadiendo su mirada con algo roto dentro, quizá más herida que él, pero siempre de pie.

¿Yo?...yo esperando que su lazo pudiera repararse, queriendo siempre ser imparcial, observando desde lejos...esperando...

viernes, 25 de marzo de 2011

Cruce de miradas.

Ella miraba al infinito, dejando que sus ojos la condujeran; él, desde el otro lado, dejaba que el tiempo pasara lento mientras la observaba, creyendo conocerla desde antes.

Sus ojos la condujeron hacia él, lo miró detenidamente en un segundo, y parpadeó; él, recibió su mirada nervioso, sentía como lentamente una gota de sudor fría recorría su mano mientras la miraba, luego evadió.

Ella, seguía persistente, de modo que él lo sintiera y volviera aquel mágico momento, y así fue, se miraron por segunda vez; él sudaba en frío, sus ojos pedían un descanso, pero evitaba parpadear, para no romper el momento, para no tener que empezar desde cero; ella lo veía y una ligera sonrisa se le dibujaba mientras sentía aquella leve descarga de adrenalina en su estómago.

El tiempo pasaba más rápido de lo que parecía, él no dejaba de preguntarse dónde la había visto antes; ella dejó su mente en blanco, permitiendo sentirse palpitar sin interrupciones de pensamientos, pensamientos que sí existían en la mente del otro.

Se permitió parpadear  por un instante, y al abrir sus ojos nuevamente, despertó.

viernes, 18 de marzo de 2011

Sintamos.

No estaba enamorada, pero no pudo evitar que le dolieran sus palabras; y es que por más que él se esforzaba por no herir con ellas, espinaban en su alma, ahí, dentro.

Él, hablaba temiendo no usar las palabras adecuadas, pensaba rápidamente lo que díría para hablar al instante, y pausaba cuando sentía que erraba; ella, caminaba lentamente a su lado, mirando siempre al frente, con miedo a que se le escapase una mirada hacia él, una que se cruzara con sus ojos, esos que tanto le atrapaban. El tiempo pasaba lento y ella solo sonreía nerviosa mientras él decía palabras de consuelo, para no matar la esperanza, para conservar la ilusión.

Y así pasaron 5 minutos que parecieron 20, respiraron hondo y acordaron mantener una amistad perdurable, internamente se prometieron no alejarse el uno del otro. Se despidieron, con un ligero beso en la mejilla, y al separarse se oyó un ligero e inocente sonido.

Una copa de cristal, una ilusión. Un corazón.

Él dudó.