Ella miraba al infinito, dejando que sus ojos la condujeran; él, desde el otro lado, dejaba que el tiempo pasara lento mientras la observaba, creyendo conocerla desde antes.
Sus ojos la condujeron hacia él, lo miró detenidamente en un segundo, y parpadeó; él, recibió su mirada nervioso, sentía como lentamente una gota de sudor fría recorría su mano mientras la miraba, luego evadió.
Ella, seguía persistente, de modo que él lo sintiera y volviera aquel mágico momento, y así fue, se miraron por segunda vez; él sudaba en frío, sus ojos pedían un descanso, pero evitaba parpadear, para no romper el momento, para no tener que empezar desde cero; ella lo veía y una ligera sonrisa se le dibujaba mientras sentía aquella leve descarga de adrenalina en su estómago.
El tiempo pasaba más rápido de lo que parecía, él no dejaba de preguntarse dónde la había visto antes; ella dejó su mente en blanco, permitiendo sentirse palpitar sin interrupciones de pensamientos, pensamientos que sí existían en la mente del otro.

Exquisito
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