No estaba enamorada, pero no pudo evitar que le dolieran sus palabras; y es que por más que él se esforzaba por no herir con ellas, espinaban en su alma, ahí, dentro.
Él, hablaba temiendo no usar las palabras adecuadas, pensaba rápidamente lo que díría para hablar al instante, y pausaba cuando sentía que erraba; ella, caminaba lentamente a su lado, mirando siempre al frente, con miedo a que se le escapase una mirada hacia él, una que se cruzara con sus ojos, esos que tanto le atrapaban. El tiempo pasaba lento y ella solo sonreía nerviosa mientras él decía palabras de consuelo, para no matar la esperanza, para conservar la ilusión.
Y así pasaron 5 minutos que parecieron 20, respiraron hondo y acordaron mantener una amistad perdurable, internamente se prometieron no alejarse el uno del otro. Se despidieron, con un ligero beso en la mejilla, y al separarse se oyó un ligero e inocente sonido.
Una copa de cristal, una ilusión. Un corazón.
Él dudó.
Una copa de cristal, una ilusión. Un corazón.
Él dudó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario